Espiritualidad

Levantando la conciencia
Un humano a la vez.

El Universo es un espacio abundante y mágico que da origen al Planeta Tierra, un lugar increíblemente fértil y lleno de una gran variedad de formas de vida. Entre todas estas formas de vida, el ser humano –la especie que se dice ser la más evolucionada y consciente, al menos en este planeta– se debate en qué rumbo seguir. Muchos seres humanos, sobre todo aquellos que viven en las ciudades, suelen vivir en escasez mental, emocional y material, y sufren por ello. El ser humano “moderno”, con algunas excepciones, por supuesto, no es capaz de percibir la abundancia del Universo ni su propia abundancia interna.

Esta escasez mental, ocasionada por la programación social, cultural, familiar, educativa y en ocasiones hasta religiosa, y que tiene su raíz en las primeras etapas de formación, provoca una ambición desmedida que lleva al ser humano a usar la abundancia del planeta para saciar las fantasías de necesidades de su ego. En pocas palabras, existe una gran abundancia, pero al vivir en escasez interna se busca controlar los recursos, más que administrarlos y celebrarlos para que estos a su vez generen incluso mayor abundancia y bienestar.

Esperanza Coronavirus

Así, nuestro mundo, el que tenemos la responsabilidad de respetar, celebrar, administrar y cuidar, tanto para entregarlo a las futuras generaciones como por simple respeto a la Creación, sufre actualmente una devastación y saqueo sin precedentes. Hoy parecería que el ser humano ha buscado someter a la Madre Tierra, aprovechándola para sus deseos insaciables de poder, dominio y satisfacción intelectual y material. La Ciencia ha buscado que la Tierra esté más al servicio de ella en lugar de ponerse ella al servicio de la Tierra para cuidarla y preservarla. Más aún, el ser humano llega a explotar a otros seres humanos, sus propios hermanos y hermanas de origen, con tal de lograr sus ambiciones.

La ambición, el egoísmo y la injusticia, producto de la percepción de vivir en escasez hacen que la enorme belleza del ser humano como especie, quede opacada. El ser humano fue dotado de una gran consciencia, una capacidad mágica de auto observarse y actuar en consecuencia, pero no es aprovechada al máximo. Sin embargo, casos hermosos a lo largo y ancho del mundo nos dan ejemplo y esperanza de que sí hay posibilidad de cambiar el rumbo y vivir colectivamente en abundancia y amor. Los sismos del 19 de septiembre del 2017 en México, mi país, reafirmaron mi fe en esta creencia: el amor nacido del corazón de los seres humanos es capaz de grandes proezas, caridad, bondad, servicio y entrega por los demás, su nación y por el Planeta. ¡La unión y la armonía, estoy seguro, sí son posibles!

En esta necesidad de definir un rumbo hacia la paz, la abundancia y el desarrollo sustentable, los gobiernos y las empresas, como organismos que aglutinan grandes cantidades de seres humanos, que definen políticas y reglas, y que ejecutan planes de aprovechamiento, producción y comercialización de recursos, son elementos clave. Sin embargo, estas instituciones, en gran medida son hoy preservadoras de condiciones que impulsan el deterioro del medio ambiente y socavan los valores en las personas, fomentando una acumulación desigual en lugar de una distribución justa. Bajo el gran pretexto de ofrecer “trabajo” para la población, muchas multinacionales y gobiernos locales aprueban planes que en el fondo promueven la explotación indebida y la destrucción del medio ambiente. El gobierno de los Estados Unidos aprobó recientemente la construcción de dos oleoductos, Dakota Access y Keystone, bajo el pretexto de que ofrecerán muchos empleos, sin considerar la devastación que acarrearán a las zonas sagradas de las tribus Lakota y Sioux. “No defendemos estas tierras porque en ellas vivimos, sino porque son parte del planeta. No estamos defendiendo sólo a nuestro propio grupo, sino a la humanidad entera”, decía un Jefe Lakota después de enterarse de la decisión del gobierno de este país. Esta tribu, a partir de sus generaciones ancestrales, comparte un dicho: “la Tierra es una fuente de vida y no un recurso”.

Ricardo Perret

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